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sábado, 12 de abril de 2014

Los Grandes Muertos, de Luisa Josefina Hernández

                                                                                                                              Por Ramsés Ancira


Sólida, sorprendente, importante, inteligencia superior, apasionada, desafiante, coherente, valiosa. El programa de mano de la serie Los Grandes Muertos, integrada por seis obras de Luisa Josefina Hernández está lleno de estos calificativos. Los Merece.

Luisa Josefina hace en teatro, lo que Gabriel García Márquez hizo en la literatura con 100 años de Soledad, contar la historia de una familia de finales del Siglo XIX y principios del XX. La suya pertenece a la Casta Divina, a esa que usó a los yaquis como regalo de esclavitud de Porfirio Díaz, y a los mayas porque no había un Felipe Carrillo Puerto que los defendiera.

Es suya, en el sentido de que son los personajes de su obra y porque es la historia de sus ancestros. Luisa Josefina nos guardó para la posteridad el retrato de una época, de una fobias y de unas pasiones que pueden repetirse en cualquier momento de la humanidad, pero con características muy especiales en el periodo de 1862 a 1909.

Sólo la Compañía Nacional de Teatro puede y se arriesga a una cosa como esta: seis obras en dos fines de semana. Es algo monumental, y el teatro Juan Ruiz de Alarcon del Centro Cultural Universitario apenas resiste tanta gente interesada en verla en un periodo tan corto, aunque se ofrece una nueva oportunidad para asistir próximamente a otro  teatro de Coyoacán, mucho más pequeño, donde la repondrán.

Al momento de esta puesta-homenaje, la catedrática Luisa Josefina Hernández, maestra de letras con especialidad en Arte Dramático, está alrededor de los 85 años. Es pues un muy merecido homenaje en vida dirigido por uno de los mejores directores mexicanos de todos los tiempos, José Caballero, quien se auxilia de Octavio Michel, Mariana Giménez y el también actor Arturo Beristain para llevar a la escena El Galán de Ultramar, La Amante, Fermento y Sueño, Tres Perros y un Gato, La Sota y Los Médicos.

En algunas predomina la Comedia, en otras el drama y en conjunto la tragicomedia aderezada con danzón.

Esta representación recuerda la de Tiempo de Ladrones, de Emilio Carballido, que se montó en el teatro Jiménez Rueda por la Compañia Nacional de Teatro y de la que desafortunadamente no pudimos encontrar más referencias porque es anterior a la era de Internet.  Esta vez también estamos ante obras que se pueden presenciar indistintamente, pero que en conjunto nos hacen viajar a lo largo de casi medio siglo de historia.

El gobierno de Campeche, demuestra que no es como  otros gobiernos bárbaros que encabeza el PRI en otras partes de la República y se asocia con la UNAM y la Compañía Nacional de Teatro para esta gran empresa cultural, lo que permitirá a los campechanos la rara oportunidad de disfrutar de algo del mejor y más grandioso teatro que se produce en le país.

Muchos calificativos honrosos para la maestra Luisa Josefina Hernández. Que bueno. Que a tiempo.



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